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Valencia ha sido la cuna del cultivo arrocero en España y su introducción se atribuye a los árabes durante el siglo VIII. La comarca de Sueca y las tierras próximas a la Albufera de Valencia son las más antiguas y tradicionales.

De los campos pantanosos de La Albufera de Valencia surgían los hermosos arrozales. Se podían divisar a una legua de los pueblos. Tierras trabajadas y mimadas... el legado de las grandes civilizaciones.

Estos campos eran un privilegio. Así, lo reconocieron los árabes y tras la reconquista, los cristianos. Sol mediterráneo, barrancos que emanan agua dulce bajo un suelo marino...un paisaje protegido por su inmenso valor natural.

Con el fruto de la cosecha, las generaciones de trabajadores y sus familias fueron creando costumbres ligadas a festividades y celebraciones.

La Fallera ha seguido la tradición tan ligada a estos orígenes, para ofrecernos el arroz de siempre, el arroz de nuestros hogares.

La historia, una vez más, se había hermanado con la cultura, sembrando las raíces de una tradición, que aún hoy, podemos saborear en cualquier rincón del levante español, con creaciones como: el arroz negro, elaborado con tinta de calamar; el arroz a banda, nutrido con el caldo y tropezones de nuestros pescados mediterráneos, o el famoso arroz con costra que se ofrece en muchos de los restaurantes de Elche y Alicante, elaborado con una generosa capa de huevo batido por encima.

El cultivo del arroz en la Comunidad Valenciana se extiende a sus tres provincias: Alicante, Castellón y Valencia. Los terrenos aptos para su cultivo son terrenos pantanosos y cercanos a manantiales que por las características de sus suelos son especialmente idóneos para el cultivo de esta gramínea.

Sin embargo, es de destacar que más del 90% del cultivo se concentra en los humedales situados en el parque Natural de La Albufera, para cuya conservación se hace imprescindible el mantenimiento de este cultivo.